Hoy estuve mirando fotos de cuando vivía en Madrid.
Cada vez que hecho un vistazo a estas fotografías a menudo me pregunto cómo he tenido el valor de salir con semejantes pintas a la calle, con unas rastas enormes, con 20 piercings en la cara... Me estoy dado cuenta de que a mi corta edad se cambia radicalmente de la noche a la mañana. Cambias de peinado, de forma de vestir, de casa, de trabajo, de novio... Todo ocurre tan rápido que no te da tiempo a pensar en qué es lo que ha pasado para que un día decidieses tirar aquella camiseta que tanto te gustaba pero que daba pena verla de lo vieja que estaba.
Yo he cambiado mucho, muchísimo. Con 18 años cogí mis pocos bártulos, salí de mi pequeña ciudad (A Coruña) y me mudé a Madrid. Sola. Sin amigos. Sin familia. Cuando echo la vista atrás, pienso en cómo pude hacerlo sin pensarlo ni un solo minuto, de un día para otro y con un par de cojones bien puestos. Llegué a esa gran ciudad, busqué apartamento y busqué trabajo; y diseñé mi nueva vida, de la cual no tenía ni un triste boceto cuando llegué. Ahora es diferente. A veces tengo miedo. Miedo a que las cosas no salgan como yo había planeado, miedo a no encontrar trabajo, miedo a tener miedo de todo. A veces me pregunto que fué de aquella Nuria que le importaba todo una mierda y que hacía las cosas a causa de un arrebato o un impulso.
Puede que sea hora de dejar de preguntarme dónde está esa Nuria y salir a recuperarla, cueste lo que cueste.
lunes, 17 de noviembre de 2008
martes, 11 de noviembre de 2008
EL POLLO
Hoy me he levantado raruna.
Resulta que el domingo mi Sefty preparó un pollo asado estupendo para cenar, y claro, no hay comida que adore yo más que el pollo, así que me puse hasta el culo de dicho manjar. Total, que ayer quedaba un poco en el horno, y como no me apetecía cocinar y no tenía la nevera a rebosar que digamos, pues me calenté las sobras y me volví a poner hasta las tetas. La cosa es que el pollo en cuestión tenía un color un tanto extraño, la cebolla era como de un color verdoso... pero como ahora estoy en otro país, pensé: Quizás la cebolla aquí tenga otro color, no es que sea una cebolla mutante. Le comenté a mi maridito como quién no quiere la cosa (pero con cuidado, no vaya ser que se ofendiese y pensase que le estaba llamando bazofia a su pollo recalentado), y me dijo: Que va mujer, esas son cosas tuyas. Y cual Belén Esteban, me soltó que me comiese el pollo, que no tenía nada malo. Y me lo comí. La historia es que esta mañana, como ya he comentado, me sentía raruna, como con la despensa llena, como con ganas de cagar un imperio. Me hice un café y me fumé un cigarro, pensando que quizás dicha acción acelerase el proceso de "descarga". Una hora después desaparecieron las intenciones que tenía de cogerme la bici y acercarme a Beverley, el pueblo de al lado, para tomarme un café, dar un paseo y comprarme esas maravillosas botas que había visto el día anterior en una tienda que me encantó. No podía moverme demasiado, y mi cara empezaba a tomar un color semejante al de la cebolla mutante... así que me hice un poleo, miré mi correo, me metí en la cama de nuevo y me puse la peli de Volver, con subtitulos en inglés claro, a ver si aprendo de una vez.
Pero qué bien me sentó escuchar a la Pe hablar en español barriobajero, con su aire choni cual señora de Móstoles yendo al mercao a comprar la carne pa la cena. Después de ver la peli me quedé frita viendo un programa en la BBC tipo Ana Rosa pero a lo británico.
Creo que haré un nuevo intento de moverme de casa para ir al gym, a ver si me da el aire y se me quita el sabor a cebolla rara.
Resulta que el domingo mi Sefty preparó un pollo asado estupendo para cenar, y claro, no hay comida que adore yo más que el pollo, así que me puse hasta el culo de dicho manjar. Total, que ayer quedaba un poco en el horno, y como no me apetecía cocinar y no tenía la nevera a rebosar que digamos, pues me calenté las sobras y me volví a poner hasta las tetas. La cosa es que el pollo en cuestión tenía un color un tanto extraño, la cebolla era como de un color verdoso... pero como ahora estoy en otro país, pensé: Quizás la cebolla aquí tenga otro color, no es que sea una cebolla mutante. Le comenté a mi maridito como quién no quiere la cosa (pero con cuidado, no vaya ser que se ofendiese y pensase que le estaba llamando bazofia a su pollo recalentado), y me dijo: Que va mujer, esas son cosas tuyas. Y cual Belén Esteban, me soltó que me comiese el pollo, que no tenía nada malo. Y me lo comí. La historia es que esta mañana, como ya he comentado, me sentía raruna, como con la despensa llena, como con ganas de cagar un imperio. Me hice un café y me fumé un cigarro, pensando que quizás dicha acción acelerase el proceso de "descarga". Una hora después desaparecieron las intenciones que tenía de cogerme la bici y acercarme a Beverley, el pueblo de al lado, para tomarme un café, dar un paseo y comprarme esas maravillosas botas que había visto el día anterior en una tienda que me encantó. No podía moverme demasiado, y mi cara empezaba a tomar un color semejante al de la cebolla mutante... así que me hice un poleo, miré mi correo, me metí en la cama de nuevo y me puse la peli de Volver, con subtitulos en inglés claro, a ver si aprendo de una vez.
Pero qué bien me sentó escuchar a la Pe hablar en español barriobajero, con su aire choni cual señora de Móstoles yendo al mercao a comprar la carne pa la cena. Después de ver la peli me quedé frita viendo un programa en la BBC tipo Ana Rosa pero a lo británico.
Creo que haré un nuevo intento de moverme de casa para ir al gym, a ver si me da el aire y se me quita el sabor a cebolla rara.
domingo, 9 de noviembre de 2008
Nuevo país, nuevo blog
Sí, ya sé que me he ido lejos.
Que sí, que aquí hace más frío que en Madrid y además está lloviendo el 80% del día. Pero joder, algo habrá que hacer para salir de la rutina (y de los sueldos de 800 € al mes). Por circunstancias ajenas a estos hechos, un día me desperté de mi Madridcoma y decidí que era hora de echarle huevos y descubrir qué coño hay después de la calle Huertas. No sé si fué la decisión correcta (más vale que sí), pero lo que sí es verdad es que mi vida ha dado un giro de 180º.
Vivo en Bishop Burton, un pueblecito a unos 50 km de York, que consta tan solo de (apróximadamente) 60 casas, una pequeña tienda dónde venden de todo, un restaurante muy cuco, un estanque enorme donde viven nuestros vecinos los patos (desde mi casa puedo verlo) y un prado enorme (uno de tantos aquí) dónde pastan a diario nuestras amigas las vacas lecheras (sí, como las vacas del paquete de chocolate Milka). Mi casa es muy bonita, muy típica de aquí. Vivo con mi hiperactivo diablo de Tazmania, Sefton, por el cual me he cruzado el continente. Muy pronto subiré fotos de los dos :)
A partir de ahora iré documentando el blog con mis aventuras y desventuras en este extraño país, y respondiendo a esas preguntas que todos nos hacemos sobre esta gente. Sí, todos son como esos pardillos que vienen a nuestro país a liarla, beben hasta echar la pota en nuestros portales (especialmente en el mío) y se alojan en el Hostel de la calle Huertas. Claro que ahora los miro con diferentes ojos, ya que, estudiando sus costumbres, entiendo su extraña conducta:
1.¿Por que ingieren semejante cantidad de alcohol normalmente? Pues porque aquí los bares cierran a las 12 de la noche, a la una lo más tardar, así que salen de sus casas a las 5 de la tarde, se ponen hasta el culo de cerveza y a las 11 ya están con una tajada monumental. Ah, y las pintas son tan baratas que da pena no pedirse un par de ellas.
2.¿Por qué los ingleses van en camiseta (en el caso de los tíos) y con minifalda (en el caso de las tías) por la calle, aunque la temperatura sea de -3º? Pues muy sencillo. Aquí la gente es de muy buen comer y se ponen de Fish & Chips y Yorkshire pudding hasta las tetas. Vamos, que aquí no les va lo de la dieta mediterránea y hacer deporte. Es por esto que tienen tanta grasa corporal que podrían ir en pelotas y mantenerse a temperatura ambiente los cabrones. Aquí a los gimnasios solo van los deportistas profesionales, los chaffs (a lo que nosotros llamamos los Jonys) y yo, que soy la única mujer.
De momento he desvelado dos misterios bastante importantes, pero próximamente iré posteando más al respecto.
Me voy, que tengo el pollo en el horno, maricón.
Que sí, que aquí hace más frío que en Madrid y además está lloviendo el 80% del día. Pero joder, algo habrá que hacer para salir de la rutina (y de los sueldos de 800 € al mes). Por circunstancias ajenas a estos hechos, un día me desperté de mi Madridcoma y decidí que era hora de echarle huevos y descubrir qué coño hay después de la calle Huertas. No sé si fué la decisión correcta (más vale que sí), pero lo que sí es verdad es que mi vida ha dado un giro de 180º.
Vivo en Bishop Burton, un pueblecito a unos 50 km de York, que consta tan solo de (apróximadamente) 60 casas, una pequeña tienda dónde venden de todo, un restaurante muy cuco, un estanque enorme donde viven nuestros vecinos los patos (desde mi casa puedo verlo) y un prado enorme (uno de tantos aquí) dónde pastan a diario nuestras amigas las vacas lecheras (sí, como las vacas del paquete de chocolate Milka). Mi casa es muy bonita, muy típica de aquí. Vivo con mi hiperactivo diablo de Tazmania, Sefton, por el cual me he cruzado el continente. Muy pronto subiré fotos de los dos :)
A partir de ahora iré documentando el blog con mis aventuras y desventuras en este extraño país, y respondiendo a esas preguntas que todos nos hacemos sobre esta gente. Sí, todos son como esos pardillos que vienen a nuestro país a liarla, beben hasta echar la pota en nuestros portales (especialmente en el mío) y se alojan en el Hostel de la calle Huertas. Claro que ahora los miro con diferentes ojos, ya que, estudiando sus costumbres, entiendo su extraña conducta:
1.¿Por que ingieren semejante cantidad de alcohol normalmente? Pues porque aquí los bares cierran a las 12 de la noche, a la una lo más tardar, así que salen de sus casas a las 5 de la tarde, se ponen hasta el culo de cerveza y a las 11 ya están con una tajada monumental. Ah, y las pintas son tan baratas que da pena no pedirse un par de ellas.
2.¿Por qué los ingleses van en camiseta (en el caso de los tíos) y con minifalda (en el caso de las tías) por la calle, aunque la temperatura sea de -3º? Pues muy sencillo. Aquí la gente es de muy buen comer y se ponen de Fish & Chips y Yorkshire pudding hasta las tetas. Vamos, que aquí no les va lo de la dieta mediterránea y hacer deporte. Es por esto que tienen tanta grasa corporal que podrían ir en pelotas y mantenerse a temperatura ambiente los cabrones. Aquí a los gimnasios solo van los deportistas profesionales, los chaffs (a lo que nosotros llamamos los Jonys) y yo, que soy la única mujer.
De momento he desvelado dos misterios bastante importantes, pero próximamente iré posteando más al respecto.
Me voy, que tengo el pollo en el horno, maricón.
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